Juan Glasinovic Nº 829, Antofagasta.

Instituto Calasancio Hijas de la Divina Pastora.

Juan Glasinovic 829,

Antofagasta, Chile.

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Juan Glasinovic 829,

Antofagasta, Chile.

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Propuesta Educativa

El Instituto Calasancio Hijas de la Divina Pastora nace como respuesta a las necesidades educativas de la mujer a finales del siglo XIX. Un hombre, San Faustino Míguez, supo ver la falta de formación de la mujer en aquella época y, con un grupo de jóvenes identificadas con la misión educativa, funda la Congregación de las Religiosas Calasancias para dedicarse a la educación según el espíritu y el estilo pedagógico de S. José de Calasanz.

San Faustino Míguez descubre la grandeza del ministerio educativo y lo define como la obra más noble, la más grande, la más sublime del mundo y la más necesaria. Como altísima misión, obra divina, creación continuada, porque abraza a todo el hombre tal como Dios le ha concebido, tal como Dios le ha criado. […] Es el reflejo más admirable de la acción, de la bondad y de la sabiduría divina.

Es la misión de mayor interés y de la importancia más decisiva así para la dignidad y dicha del individuo y de la familia como de la misma sociedad entera. […] Mientras haya una imagen de Dios en el mundo, será grande y providencial será sagrada y divina la misión calasancia […] Mientras haya en la tierra un hijo del hombre inspirado por ese soplo divino […] será bello, será digno, será divino el formarlos en el amor de lo que es verdadero y honesto, en el entusiasmo de lo que es noble y generoso, en santa pasión por lo que es grande y sublime.

Esta sublime misión requiere personas vocacionadas. San Faustino define el perfil del educador calasancio con las mismas actitudes de la Divina Pastora, a la que propone como “madre” y “pastora”.  Así, el educador y educadora calasancios miran como madre a sus alumnas y alumnos; hermana la gravedad de la maestra con el amor y la dulzura de una madre. Es la persona en la que se entremezclan e identifican la misión educativa maternal y la de guía y maestra, traducidas en gestos cotidianos: caminar con, acompañar, educar con amor. Sólo así es posible la entrega diaria del educador como acompañante en el crecimiento y maduración de los alumnos.

Divina Pastora